Tipos de zapatos

Hebilla

Hebilla

Los zapatos con Hebilla (también llamados “Monkstrap”) deben su nombre a las sandalias de los monjes del siglo XV puesto que su diseño evoca a su cierre cuya traducción literal seria correa o tirante de monje. No fue hasta la década de los años 30 del siglo pasado en sustitución de los clásicos Oxford y Blucher

Oxford

Oxford

Los Oxford (también llamados “Balmorals”) son los zapatos ingleses por antonomasia. Su cuna se encuentra en la Escocia e Irlanda del siglo XVII, y es que no fue hasta 1830 cuando empezaron a confeccionarse. Transcurrieron 50 años: en 1880 se pusieron de moda en gran parte por la debilidad y devoción que despertaron a los alumnos de la Universidad de Oxford que lograron rebautizarlos homónimamente con el nombre de su facultad.

Blucher

Blucher

Los Blucher (también llamados “Derby”) nacidos a principios del siglo XIX deben su nombre al general prusiano G.L. von Blücher, cuya obsesión por la estrategia dentro y fuera de los campos de Batalla nos brindó con un zapato transgresor con una apertura revolucionaria que permitía una mayor confortabilidad para los empeines más rebeldes.

Mocasín

Mocasín

Los zapatos Mocasín (también llamados “Loafer”) nacieron en Estados Unidos singularizando el carácter pragmático del pueblo americano con un zapato ligero y flexible de piel suave y delgada. Está inspirado en las tribus nativas de los Grandes Lagos y del Norte de Canadá del siglo XIV.

Mocasín indio: con un par de borlas situadas en el empeine. 

Mocasín “penny loafer”:  antiguamente se colocaba un penique en su ornamentación del centro. De aquí su nombre. 

Mocasín liso: el más práctico de los tres. Su diseño impide que se embrolle con el pantalón.

Variantes punteras:
- sencilla o “plain”
- recta con perforaciones o “semi-brogue”
- puntera vega con perforado o “full-brogue”

¿Cómo se cuidan los zapatos?

Para lograr que disminuyan las propiedades de un buen zapato que van des del brillo hasta la suavidad de la piel es ineludible un cuidado minucioso y rutinario que nos permita calzar el zapato como el primer día.

La obtención de dichos resultados convierte de modo imperioso la obligación de disponer de un cepillo para sacar las impurezas como son las piedras o el barro. Asimismo, contar con un cepillo para cada color siendo imprescindible uno negro, otro para marrones, uno blanco y otro neutro (para incoloro).

Otro producto indispensable son las cremas y betunes seleccionado en harmonía del color del zapato recordando que el calzado de verano, de tendencia a colores claros, debe tratarse con betún incoloro.

Finalmente, poseer una gamuza para quitar el exceso de betún y cepillo con pelo de caballo para abrillantar y de un toque final que nos permita alcanzar un impacto exquisito.

 

¿Cómo se cuidan los zapatos?
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